La mirada es un dominio. Ser mirado es estar expuesto. Mirada y desnudez
son polos de un mismo acto. Cuando miramos develamos o desvelamos: quitamos los
velos o el sueño. Ser objeto de mirada es como andar desnudo. Cuando alguien nos
mira ejecuta en nosotros una expoliación. Pensemos que buena parte de la "urbanidad
de la mirada" estriba en ese no desnudar de una vez, en mirar con cierto disimulo, en
mirar discretamente. Y en esa misma urbanidad del mirar se inscriben también el
pudor y la perversión. Rostros y máscaras de la comunicación - FERNANDO VÁSQUEZ RODRÍGUEZ.
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